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Acuerdo de mínimos para la seguridad de los datos europeos


¿Están seguros nuestros datos en las empresas de EEUU? La pregunta, lejos de ser retórica, está en el centro de la penúltima de las interminables discusiones comerciales y legales a ambos lados del Atlántico. Durante mucho tiempo, la Comisión Europea, en nombre de más de 500 millones de ciudadanos, asumió, en términos generales, que sí. Sin hacer tampoco demasiadas preguntas. EEUU era una 'bahía segura', una "safe harbour". Un lugar donde los datos personales de los ciudadanos de la UE que compran o se registran (por ejemplo en redes sociales) están debidamente custodiados.

Sin embargo, la Justicia Europa no piensa lo mismo. El pasado 6 de octubre, en una sentencia histórica tras la denuncia de un activista de 27 años contra la violación de la privacidad de Facebook, el Tribunal de Justicia declaró "inválida la Decisión de la Comisión que declaró que Estados Unidos garantiza un nivel de protección adecuado de los datos personales transferidos" Es decir, que la normativa vigente desde 2000 que permite la transferencia de información perteneciente a ciudadanos europeos a EEUU ya no valía y que la Comisión estaba obligada a cambiarla. Fue el fin del Safe Harbor.

El martes, tras tres meses de intensas negociaciones en un marco muy tenso, pues tanto el Gobierno de EEUU como las empresas creen que hay una persecución contra las grandes multinacionales, 'acosadas' política, legal y fiscalmente por las instituciones europeas, se llegó a un acuerdo.

A partir de ahora en lugar de 'bahías seguras' la terminología habla de un "escudo de protección de privacidad". El Colegio de Comisarios dio luz verde en Estrasburgo al trabajo del vicepresidente Ansip y las autoridades norteamericanas, un acuerdo que "protegerá los derechos fundamentales de los europeos cuando sus datos sean transferidos a EEUU y garantizará certidumbre legal para las empresas".

El vicepresidente comunitario habla en todo momento de un "nuevo marco más fuerte para los flujos de datos hacia EEUU. Nuestra gente puede estar segura de que sus datos personales están totalmente protegidos. Nuestras empresas, en especial las más pequeñas, tendrán la seguridad legal que necesitan para operar al otro lado del Atlántico. Tenemos el deber e comprobar y hacer un seguimiento de este nuevo acuerdo para garantizar que se cumple".

¿Qué garantiza que ahora sí haya seguridad? Cuando Maximillian Schrem, a través de los recursos legales a su alcance por "el derecho al acceso a información" logró que Facebook le enviara toda la información que tuviera almacenada sobre él descubrió que eran más de 1.000 folios. Algo desproporcionado para un perfil bajo, anónimo, y que, tras las revelaciones de Snowden, consideraba no seguros.

"Por primera vez en la historia, EEUU ha dado a la UE garantías legales absolutas de que el acceso de las autoridades públicas, por cuestiones de seguridad nacional, estará sujeto a claras limitaciones, salvaguardas y mecanismos de control. EEUU nos ha asegurado que no lleva a cabo vigilancias masivas o indiscriminadas de europeos", añadió ayer la comisaria Jourova.

¿Está todo cerrado? Ni mucho menos. Esas garantías son, en el mejor de los casos, vagas. Sophie In't Veld, portavoz de protección de datos en el Parlamento Europeo del grupo Alde, los liberales, ha expresado abiertamente quejas. "Necesitamos urgentemente un análisis jurídico exhaustivo de las garantías ofrecidas por EEUU. La situación jurídica de estas medidas de seguridad es muy cuestionable. Es muy dudoso que ofrezcan una protección suficiente a los ciudadanos europeos y no sabemos si cumplen con los estándares establecidos por el Tribunal de Justicia", advierte.

Las promesas de Washington son más políticas legales y en el Parlamento hay muchísimas dudas sobre la eficacia de los mecanismos de control, a la luz de ejemplos similares en

el pasado.

Susan Danger, responsable de AmCham EU, la cámara de Comercio EEUU-UE, ha dado la bienvenida al acuerdo en términos mucho más positivos, considerando que este "nuevo marco da a las empresas la confianza necesaria para seguir invirtiendo en el mercado transatlántico. Es un paso en la buena dirección para reconstruir la confianza de los ciudadanos y las compañías".

Según sus datos, cerca de 4.000 empresas estaban esperando la decisión sobre el acuerdo, pues se ven afectadas diariamente por ese intercambio de datos. El pacto sea logrado casi en los minutos de descuento del periodo de gracia concedido por los reguladores. Ahora, EEUU y las empresas tendrán que adaptarse al

nuevo marco.

El Gobierno de Obama, por ejemplo, deberá nombrar a un 'Defensor independiente de seguridad nacional dentro del Departamento de Estado para lidiar con las quejas sobre protección de datos de EEUU, así como sistemas de arbitraje y de última instancia de bajo coste, para evitar largos y carísimos pleitos que disuadían a los afectados de presentar demandas ante la justicia norteamericana.

El acuerdo alcanzado es suficiente desde el punto de vista político, pero no está nada claro que vaya a bastar al Tribunal Europeo de Justicia, que podría volver a tumbarlo. Y es probable que en cuestión de horas desde su entrada en vigor, si es que lo hace, que se presenten nuevas denuncias por falta de garantías. La sustancia escasea en el nuevo paquete de medidas y parece, según las fuentes consultadas en el Parlamento, una cortina de humo.

"Lo de ayer fue necesario, pero no suficiente", se lamenta Viviane Reding, ex comisaria europea y experta en la materia.

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