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Avión solar: 23 días con sus noches llevados por el sol

La vuelta al mundo propulsada por el sol demuestra que "las tecnologías limpias sí pueden conseguir lo imposible": frenar el cambio climático.

Tras cumplir 23 días con sus noches en la más completa soledad del cielo, el Solar Impulse tomaba tierra en Abu Dhabi en la madrugada del pasado martes después de haber dado la vuelta a la Tierra sin haber emitido ni un milígramo de CO2. 552 horas a 9.000 pies de altura que empezaron a correr el 9 de marzo de 2015 y culminaron un año, cuatro meses y 15 días después. Una travesía de más de 40.000 kilómetros que demuestra que "las tecnologías limpias sí pueden conseguir lo imposible": frenar el cambio climático.


"Estoy convencido de que dentro de 10 años veremos volar aviones eléctricos y, sobre todo, las mismas tecnologías limpias se aplicarán en nuestra vida diaria y reduciremos a la mitad nuestra emisión de CO2. Solar Impulse es solo el principio de algo grande", declaraba el piloto y presidente del proyecto, Bertrand Piccard, a las pocas horas de tomar tierra después de la manga más arriesgada, luchando contra el viento ardiente del desierto saudí. Piccard y su segundo piloto, el también suizo André Borschberg (alternaron en solitario las 17 mangas), revivieron a pie de escalerilla, los momentos más apasionantes de su vuelta al mundo propulsada por el sol.


El momento más peligroso


ANDRÉ BORSCHBERG


Piloto de aviación y empresario, nació en Zúrich el 13 de diciembre de 1952.


El mayor desafío fue atravesar el Pacífico durante cinco días y cinco noches seguidas. Despegué de China y a las 44 horas tuve que aterrizar de emergencia en Japón debido a las malas condiciones meteorológicas. Cuando el tiempo mejoró, despegué hacia Hawái, pero el avión sufría problemas técnicos, las baterías no recargaban bien y los ingenieros me pidieron que regresara al aeropuerto de Nagoya. Dado que habíamos esperado tanto a aquella ventana atmosférica, con los Monzones a punto de irrumpir, mi decisión fue continuar. Algunos ingenieros amenazaron con dimitir, creían que el riesgo era demasiado alto. Fue muy difícil convencerles... Aterrizar en Hawái fue un alivio. Pero sobre todo fue una experiencia increíble.


BERTRAND PICCARD


Psiquiatra, piloto de aviación y globo aerostático, nació en Lausanne el 1 de marzo de 1958. Es nieto de Auguste Piccard, inventor del batiscafo y primer ser humano en ascender a la atmósfera en globo, que inspiró el personaje del profesor Tornasol en 'Tintín'.


Las últimas 48 horas, entre El Cairo y Abu Dhabi; esta misma madrugada, atravesando el sur de Arabia con el viento ardiente del desierto azotando el avión, era como estar bailando rock and roll, tuve que pelear duro para mantener el control. Y en general, todos los momentos de turbulencias fueron lo peor; el avión es tan grande y tan ligero (Alas: 63,40 m. Longitud: 21,85 m. Altura: 6,40 m. Peso: 1.600 kg), que resulta muy difícil manejarlo.

Izda: Bertrand Piccard Dcha: André Borschberg

El momento más largo


A. B. Imagínate volando sobre el océano, con el sol cayendo a plomo sobre las enormes alas de tu avión (11.628 células fotovoltaicas), que van almacenando energía suficiente para la próxima noche, y te das cuenta de que, un día tras otro, aquello es real, es pura física. No importa cuánto dure el vuelo, es como un retiro de meditación y silencio con uno mismo entre el cielo y el océano. Lo único que se hizo duro y largo, incluso frustrante, fue el tiempo que duró el diseño y la construcción del avión. Mientras nos entrenábamos para volarlo, tardamos unos cuantos años en ver un ala, un fusible, algo concreto.


B. P. Toda vez que me subo al avión, lo disfruto tanto, que es imposible aburrirse. Es mágico ver cómo la energía del sol puede propulsarte todo el planeta alrededor, sin polucionar. (Piccard, doctor en psiquiatría, practica auto hipnosis para relajarse y poder mantener la concentración durante largas horas).


El momento más feliz


A. B. Cuando después de 115 horas de vuelo, en silencio sobre el Pacífico (al margen de las conexiones con el control en Mónaco), escuché por primera vez las voces de los controladores aéreos: estaba llegando a Hawái. Me recordó a las historias de los polinesios cuando, tras meses de navegación, veían los primeros pájaros; entonces seguían el vuelo de las aves para encontrar tierra firme. Al poco tiempo, efectivamente, divisé la isla de Hawái y mi alegría fue tremenda.


B. P. Hubo muchos momentos muy felices, por ejemplo, cuando despegué para cruzar el Pacífico entre Hawái y California, cuando despegué de Nueva York para aterrizar en Sevilla, cuando aterricé esta mañana... Y también cuando conversé en pleno vuelo con el presidente de la ONU, Ban Ki-moon, el pasado abril, y esta misma mañana ("Estás a punto de culminar tu vuelta al mundo, pero el viaje a otro mundo más sostenible no ha hecho sino empezar", le transmitió el mandatario). Esto me ha hecho pensar que la gente empieza a entender el poder de las tecnologías limpias, que pueden cambiar el rumbo del futuro.


Lo más increíble que se cruzó en sus vuelos


A. B. La mayor sorpresa sucedió a 100 millas de Nueva York. Empecé a escuchar un ruido tremendo sobre la cabina y las alas. Era noche profunda, no veía nada, y tardé en darme cuenta de que estaba atravesando una densa cortina de lluvia: las gotas sonaban como un tambor sobre el avión. El control había subestimado la borrasca, tuve que dar marcha atrás y maniobrar para esquivarla.


B. P. El primer día de mi vuelo sobre el Atlántico, aún no había alcanzado demasiada altura, apenas unos 900 metros sobre el mar, vi un grupo de unas 15 ballenas saltando y zambulléndose en el agua. Fue un espectáculo increíble, sí.


El momento o el hallazgo más inesperado


A. B. Resultó muy estresante la primera vez que intenté dormir en la cabina, 10 horas después de despegar del este de China, sobre el Mar de Japón. Abatí el asiento, dejé los mandos con autocontrol, me tumbé y cerré los ojos. Y entonces empecé a escuchar hasta el más mínimo ruido, y parecía como estar tumbado en medio de la jungla, imaginando tigres saltando a tu alrededor y serpientes reptando sobre tu cuerpo. Me reincorporé nerviosísimo, y tuve que poner en práctica todas mis técnicas de relajación hasta poder descansar 20 minutos (en ese estado de concentración o auto hipnosis equivalen a 3 horas de sueño). Practico la meditación Vipassana, el yoga y la respiración Pranayama, y así fue como lo logré, esa vez y las que siguieron.


B. P. Lo más inesperado ha sido tener que emplear un año más en dar la vuelta al mundo, debido a que perdimos dos meses y medio en Asia esperando buenas condiciones atmosféricas, y luego tuvimos el problema con las baterías y hubo que solucionarlo y emplazar la segunda parte de la vuelta a esta primavera. Pero ha sido una gran suerte que la aventura haya durado tanto, porque la gente ha tenido más tiempo para conocernos y entender el significado real de nuestro viaje.

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