Las 'madres del Zika'

27 Jul 2016

«Doctora, creo que tengo Zika». «¿Cómo? ¿Estás segura? ¿Zika? ¡¿Zika?!». Juana Melissa, una hondureña de 23 años, recuerda perfectamente la cara de susto e incredulidad de su médico de cabecera cuando le dijo esas palabras. La doctora intercambió unas miradas con la enfermera, comenzó a buscar en su ordenador y trasladó a Juana al Hospital Infanta Leonor de Madrid. Tras unos exámenes y varias preguntas, la ginecóloga de ese centro llamó a La Paz, activando así el protocolo de actuación para la prevención y el control del virus Zika en la Comunidad de Madrid, concretamente la parte de seguimiento de la gestante.

 

Juana llevaba apenas un mes en España cuando acudió a su médico de cabecera el 26 de febrero. El protocolo no llevaba en acción mucho más tiempo. El día 1 de ese mismo mes se había recibido la alerta por Zika y el día 3 se había convocado a todos los implicados, desde la Dirección General de Salud Pública a médicos y catedráticos de distintas universidades y hospitales de Madrid, especialmente de La Paz, centro de referencia de la Región para embarazadas con Zika. «En unas dos semanas teníamos listo el protocolo de seguimiento, que hemos ido adaptando a las informaciones que han ido apareciendo. Se han hecho pocos cambios porque fuimos muy ambiciosos en su elaboración, es decir, le dimos bastante amplitud a la hora de contemplar todos los aspectos», explica María Dolores Elorza, jefa de sección del Servicio de Neonatología de La Paz, que formó parte del equipo que diseñó el protocolo.

 

Cada región tiene su propio protocolo. En el caso de Madrid se inicia cuando una mujer presenta riesgo: esto es, si estando embarazada ha viajado a una zona con presencia del mosquito Aedes aegypti o si lo ha hecho su pareja y a la vuelta han mantenido relaciones sin protección estando ya embarazada (o la ha dejado embarazada si no lo estaba). Todo se activa con una llamada de teléfono a la Unidad de Medicina Tropical y del Viajero (665 629 890), donde evalúan si realmente hay riesgo o no.

 

En caso afirmativo, envían a la paciente al Hospital Universitario La Paz-Carlos III, donde se le realizan análisis de orina y de sangre. «Lo que se solicita en las pruebas varía en función del tiempo que lleva embarazada y el tiempo que hace que retornó de la zona de riesgo -o tuvo relaciones sexuales no protegidas- hasta el momento de la consulta. Si alguna de esas pruebas da positivo, la paciente entra en un protocolo diferente», señala José Luis Bartha, jefe del Servicio de Obstetricia y Ginecología de La Paz, quien añade que a todas se les realiza una evaluación y una ecografía especial, «una neurosonografía fetal, en la que un experto comprueba que todas las pequeñas estructuras del cerebro estén bien, que no haya calcificaciones u otras anomalías sutiles que pueden indicar afectación».

 

En el caso de Juana no hubo llamada a la Unidad de Medicina Tropical. Se presentó en la consulta de su médico de familia y le comentó sus sospechas. «Me sentí mal porque todo el mundo se alarmó y me preguntaban si se contagiaba, pero lo entiendo porque en España no es tan común como en mi país. En cada prueba iba con miedo, especialmente la primera ecografía porque ya estaba formada la cabecita y estaba muy preocupada, pero en todo momento me han explicado cómo se iba desarrollando todo y me han ayudado muchísimo», asegura Juana. La joven comenta que en Honduras la recomendación médica se limita a tomar Paracetamol y no quedarse embarazadas en dos años, pero si ya lo están «no hacen seguimientos de este tipo, no les importa si el niño nace enfermo o no. Como decimos allá 'me muero yo primero y la enfermedad sigue'».

 

No es el caso en Madrid. «En La Paz estamos muy motivados con el tema de las enfermedades importadas, estamos muy sensibilizados. Toda la infraestructura que se puso en marcha con el ébola nos ha servido, y la coordinación entre servicios», recalca el doctor Bartha. En el equipo multidisciplinar participan las unidades de Medicina Tropical y del Viajero, Enfermedades Infecciosas, Obstetricia y Ginecología, Infecciosas Pediátricas, Neurología Pediátrica, Neonatología y Microbiología.

 

Así, tras la analítica y la ecografía iniciales pueden pasar dos cosas: que la ecografía sea completamente normal y la analítica dé negativa para el virus. «Eso es porque el mosquito no ha picado a la señora o le ha picado y no le ha transmitido el virus, por lo que la mujer pasa a control normal de su embarazo. En ese sentido, el mensaje es tranquilizador, una embarazada no debe viajar a países en riesgo, pero en caso de hacerlo no quiere decir que se vaya a infectar», indica el doctor Bartha. En este supuesto han visto en La Paz a cerca de 50 embarazadas.

 

Seis en la paz
 

El segundo supuesto es que la analítica arroje positivo en cuanto a presencia del Zika, aun cuando la ecografía no muestre anomalías. En esta tesitura el hospital madrileño ha atendido a seis mujeres, tres de las cuales han dado a luz niños sanos -una de ellas nuestra protagonista-. «En ese sentido, todas las infecciones perinatales son igual (rubeola, toxoplasmosis...), que la madre esté infectada no quiere decir que atraviese la placenta y llegue hasta el feto. Eso es lo que hay que aclarar y para ello se le ofrece a la madre una amniocentesis», explica Bartha.

 

Si el resultado de la amniocentesis, que se realiza a partir de la semana 19 de gestación, es negativo significa que el virus no ha traspasado la placenta. De las seis mujeres mencionadas, cinco se han sometido a esta prueba y una declinó hacérsela. Independientemente de su resultado, cada tres semanas y hasta el parto se realiza a la embarazada una neurosonografía. Y finalmente cuando la mujer da a luz, se manda analizar la placenta y el cordón umbilical para comprobar si hay restos del virus.

 

Ahí se inicia el protocolo ante un recién nacido con riesgo de infección congénita por Zika, programa que es igual al del Hospital Vall d'Hebron en Barcelona. «Es el otro centro de referencia en España, elaboramos conjuntamente el protocolo», señala la doctora María Dolores Elorza. Al niño se le realizan una ecografía cerebral, una resonancia nuclear magnética -mucho más eficaz aún que la ecografía-, un examen de fondo de ojo (se mira cómo se ha desarrollado la retina), se le revisa la audición y si tiene reflejos normales, ya que el grado de afectación puede ser muy variable y no se limita a la microcefalia.

 

Depende de cuándo se ha producido el contagio. «Puede ser que la madre se haya infectado al final y contagie al niño en el mismo parto (transmisión perinatal)», subraya la doctora Elorza, que remata: «Se hace un seguimiento serológico para tener la seguridad de que no ha desarrollado anticuerpos, lo que indicaría presencia del virus. Pueden ser de la madre y eso tarda un tiempo en desaparecer -tres, seis, nueve meses...-. Por eso se realizan pruebas y seguimiento durante un año».

 

¿En algún momento se planteó que el niño estuviera afectado? «Claro que sí, pero él no tiene la culpa y hay que salir adelante. Por ahora todas las pruebas están yendo bien. Siempre le miro la cabecita...», cuenta Juana mirando aliviada a su hijo.

 

Microcefalia, aún varias incógnitas por resolver
 

Este lunes nació en Barcelona el primer bebé con microcefalia causada por el Zika en España y en Europa. Los investigadores aún no saben con exactitud el porcentaje de microcefalia asociado al Zika ni las secuelas que sufrirán los bebés afectados por este virus. La microcefalia, que se caracteriza por un perímetro craneal anormalmente reducido, se puede producir por distintas causas: un virus como el Zika o el citomegalovirus, un origen genético o la ingestión de tóxicos, como alcohol y drogas, durante el embarazo.

Si el origen es el Zika, el grado de microcefalia va a depender también de en qué momento se ha producido la infección: si es en el primer trimestre, cuando el feto se está formando, los daños pueden ser mayores, explica la doctora María Dolores Elorza.


De ser así, puede afectar en la fase de multiplicación de las células neuronales, dando como consecuencia menos neuronas y dañando también las conexiones neuronales. El recién nacido podría tener entonces retraso mental y otras alteraciones motoras, desde parálisis cerebral o sólo una torpeza de movimiento. Pero las posibles alteraciones son numerosas, entre otras, oculares, auditivas o neurológicas.

 

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